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viernes, 1 de junio de 2012

::El Planeta Salvaje::La Planète Sauvage::Dir::René Laloux::Francia::1973::




Una de las mejores películas de animación que he visto en mi vida, no sólo por su capacidad de asombrarme con las imágenes que a principios de esa década, ya eran una pauta a seguir y un referente de muchos otros directores que ahora revelan conexiones intimas con ese estilo propio manejado por Laloux y su equipo de trabajo, sino también por esa inagotable fuente de concepciones filosóficas que nos hacen pensar  y hacernos preguntas en cuanto a nuestras existencias y al papel que desempeñamos y desempañamos en esta sociedad.


En un mundo paralelo, contrario a lo que vivimos, imagínense que nosotros los humanos, los que podemos leer esto, aunque inteligentes, estamos supeditados a vivir como si fuésemos mascotas de otras civilizaciones, (inteligencias) superiores. Los Draags son una especie de seres supremamente inteligentes que parecen sacados de la Atlántida, esa ciudad perdida en los confines de los océanos, con más de seis metros de altura, ojos rojos, branquias y conectados mentalmente a través de la meditación, establecen dentro de sus modos de vida un ritual para conservar su especie y crecer en conocimientos.


De manera primitiva y sin conocimiento, los seres humanos como insectos caminan con el temor perpetuo de ser pisoteados por esta raza superior. (Ahora puedo saber que podría sentir un diminuto ser vivo bajo el autoritarismo humano que se impone ante otras razas y especies que indefensas luchan por sobrevivir o simplemente viven en un ambiente integral y además compartido).


Esta coproducción entre Francia y Checoslovaquia fue dirigida y coescrita por René Laloux y Steve Hayes, basada en una novela de Estefan Wul sobre la ocupación soviética de la República Checa, dispone de la creatividad de dibujantes como Roland Topor quien también, en un trabajo mancomunado con la música de Alain Goraguer, despliegan imágenes sorprendentes vestidas de sonidos futuristas. Es un poco y lo pongo como ejemplo, ver pinturas del maestro Salvador Dalí y escuchar las flamantes melodías de Jean-Michel Jarre y sus bien pensadas notas musicales.


Los directores de Avatar y otras películas con seres diminutos y gentes extrañas probablemente usaron como referente conceptual y visual esta cinta de 1973 para realizar lo que hace 40 años ya era una teoría filosófica con un gran peso real en la actualidad y un valor inmenso  desde el arte y la ficción. Hablamos de un futuro avanzado y lejano de todas las condiciones modernas. Lo cultural, lo religioso, lo político entre otros aspectos conservan similitudes en lo relacionado a ciertas costumbres difíciles de desligar de todo lo humano, como la familia y su protección, lo político y su acomodación constante, favoreciendo al poder y a los creadores de las normas y las leyes. Distante un poco de lo religioso, conserva un rastro evidente de una conexión con una especie de divinidad pero más espiritual, alcanzada a través del ritual de la meditación como una expresión de paz interior y exterior, esto sin desconocer la capacidad del ser humano por superarse así mismo y sucumbir al mismo tiempo ante su propio ego, su arrogancia y falta de conocimiento frente a otras cosas distintas a la “evolución” material, es decir, una superación del ser espiritual para su propio bienestar en un futuro.


Desde ahí, a mi modo de ver, radica la diferencia entre nuestra primitiva forma de relacionarnos con el universo y la manera en que directores de ciencia ficción y otros creativos se imaginaron e imaginan seres con inteligencias superiores en un mundo compartido. Las criaturas aventajadas viven en un planeta llamado Ygam, los “Draags” domestican a los pequeños “Oms”, seres que están siendo exterminados por ser considerados peligrosos y con grandes capacidades de aprendizaje, lo que hace a la raza superior asumir posiciones drásticas frente a la, un poco lenta pero efectiva forma de adquirir conocimiento de los diminutos hombrecitos. Es la esencia misma que nos caracteriza. Me siento asombrado y admiro a los seres humanos por muchas cosas que se han logrado hasta el día de hoy, pero al mismo tiempo siento vergüenza, porque creo que no hemos podido comprender nuestra verdadera tarea hecha y por hacer.



Esta obra considerada como cine de culto,  un clásico recomendado para todos y todas, aunque en principio es enfocada como cine de animación sólo para adultos, no sé por qué, considero que deberíamos implementarla en la formación de públicos más jóvenes para incentivar en ellos las preguntas y la reflexión sobre la condición humana, más allá de los “valores” fundamentados por el mercado y su deshonesto proceder.


“La planète sauvage” es una película con una latente profundidad discursiva que nos muestra cómo podemos dejar de vernos como enemigos unos de otros, aunque se piensa generalmente en la competitividad y de la mano de esa percepción, la cinta promueve la reflexión sobre la diferencia de seres, la intolerancia que imposibilita la coexistencia, la cohabitación pacifica en un determinado lugar, la exclusión permanente, las infinitas desigualdades que facilitan el abuso del poder y la denigrante escases de dignidad. Sin embargo, también nos muestra la forma y la capacidad de organizarse en grupos de resistencia para emprender desde ahí la planeación hacia la paz y al libre desarrollo a través del conocimiento.

::Otros largometrajes de René Laloux::

-“Los Amos del Tiempo”





















-“Gandahar”


René Laloux: El Animador Maldito.




Por JaimeRicaurte










jueves, 5 de enero de 2012

::Ulysses’ Gaze::La mirada de Ulises::Dir::Theo Angelopoulos:: ::Grecia, Francia, Italia, Alemania::1995::





Nuestro viaje por el mundo comenzó este año con un género cinematográfico con bastante recorrido, las Road Movies, que casi nos sacan a caminar al mismo tiempo que sus directores emprenden sus periplos al contar sus historias de una manera inteligentemente dinámica. 




Esta historia, nuestra historia dentro del cine, como un complemento que hace parte de las propias vivencias del director, nos vincula a un acto evolutivo con permanentes miradas de compromiso con nuestras raíces, nuestro pasado, nuestros orígenes.  La mirada etnográfica y su registro como parte de la memoria histórica de los pueblos, es tan importante como las bases que fundan las grandes estructuras, arquitectónicas y sociales, esas miradas que, como los hermanos Manakis tratan de manifestarse en otros momentos con el fin de marcar un punto, unas situaciones, unos instantes en la senda de esas otras épocas.



“A”, es un director de cine griego (Harvey Keitel), quien regresa a su país después de un largo exilio en los Estados Unidos de América para presentar su última película. Esto surge, como una verdadera excusa, distinta a sus objetivos reales. Las tres bobinas grabadas por los hermanos Manakis, los primeros cineastas griegos, que permanecen extraviadas y sin revelar en algún perdido y conflictivo lugar de los Balcanes. La curiosidad se convierte con el paso del tiempo en una especie de obsesión, su investigación lo conducirá a enfrentar un largo viaje que se convierte en la versión moderna de Ulises, la cual lo llevará y nos llevará por los derruidos paisajes de la península balcánica, en busca de una Itaca imaginaria, atesorada en las cintas de los Manakis. Estas tres bobinas representarán la posibilidad de acceder a una mirada fundacional del cine en Grecia.


Envuelta en una manta de neblina, lírica, épica, poesía e historia, esta fascinante y encantadora película nos muestra un romanticismo que se vive a pesar de la guerra, la reflexión constante sobre la belleza de las cosas simples y la permanente búsqueda de una identidad a punto de perderse. Grecia está muriendo y es mejor que muera de una vez por todas, es peor la agonía que precede una muerte segura, la muerte de la cultura y por ende la muerte de lo políticamente correcto.

La tragedia vive como una incesante forma difusa, una incomprensible figura a La Mirada de Ulises. Su viaje comienza por las calles de Grecia, allí establece contacto con la multitud, ella dividida (teas contra paraguas), facciones enfrentadas, o la matanza de una familia oída desde la niebla, el baile de fin de año en su casa, representan de manera simbólica la génesis de una guerra inacabada que se extiende por toda la región balcánica, este es un viaje más por las rutas interiores del ser, una cinta que hace preguntarte de donde vienes y para donde vas, quizá, preguntas que el director también quiso proponer para armonizar su búsqueda interior con el arte, parte de su propia vida.


Grecia, Albania, Macedonia, Bulgaria, la frontera entre Serbia y Rumania: el Danubio, el drina…hasta llegar a Sarajevo, lugares en los cuales la mirada cambia y se estructura paso por paso, tren por tren, coche por coche, barco por barco La Odisea, propia de aquel trasegar por una Europa dislocada, herida, rota por la muerte y la destrucción, el odio entre las razas y las clases sociales. Tal vez la culpa sea de Hegel. “Nuestro siglo comienza y acaba en Sarajevo”, dice Angelopoulos, y cita a T.S Eliot a manera de conclusión: “Cuando el principio y el final se confunden, la historia no nos ha enseñado nada”.

Escombros, bombas, ciudades desoladas, gente muerta en las calles, demencia colectiva (patologías de guerra), incendios por doquier, vida subterránea donde la niebla nace para que la música reviva al mismo tiempo que lo hacen el baile, las conversaciones, el amor, un amor que surge en cada ciudad, un amor interpretado por la misma persona, la actriz Maía Morgestern y que finalmente muere, “víctima de una guerra nunca alcanzada por el amor, víctima de los que lloran por no poder amar”, víctima de la desesperanza, del odio, de la tristeza.



Todo esto es parte de la grandiosa narrativa cinematográfica de este director, largas y lentas secuencias que parecen no tener fin, como la misma guerra, una exploración que nos lleva al encuentro de una cinta dentro de otra cinta, es el cine dentro del cine, mágico como el lento paso del agua que busca su mar, así, como el conocimiento que espera a ser consumido es la fe y la esperanza por una humanidad y su propia identidad.  


Intérpretes: Harvey Keitel (A), Maia Morgenstern (Naomi Levy/Las esposas de Ulises), Erland Josephson (Ivo Levy), Thanassis Vengos (El taxista), Yorgos Michalakopoulos (Nikos), Dora Volanaki (La anciana)

El Dato
“Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Cannes 1995, ha llegado a las pantallas con más de un año de retraso; obtuvo también el Premio Fipresci de la Crí­tica Internacional y es, con justicia, una pelí­cula valorada por la crí­tica, cinéfilos y amantes del arte en general, pero de difí­cil asimilación para un público mayoritario, tan abotargado hoy por ciertos productos norteamericanos de consumo”.



JaimeRicaurte.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

::El tiempo del lobo::Le temp du loup::Dr::Michael Haneke::Alemania-Austria-Francia::2003::


En Alemania existe un mito que se conoce como “El tiempo del lobo”, es el momento anterior al Apocalipsis, en el que se invierten los valores y caen las más altas torres de la estructura cultural formada por los seres humanos a través de la historia.



Según este mito, que no debe estar lejos de convertirse en ciertas realidades visibles a nuestros ojos, sobretodo porque el hombre moderno permanece en una clase de alarma constante, en una especie de “sociedad del riesgo” como lo plantea Ulrich Beck en su propio libro (La Sociedad del Riesgo), donde el miedo no es simplemente un fragmento temporal, un momento, sino más bien un estado; el “tiempo del lobo” es, y según la interpretación de Haneke, ese confuso período de caos y tranquilidad, de subsistencia e instinto de supervivencia y en el que lo único que tienen las personas para agarrarse es sólo, su propio presente.


Aunque es una película muy poco conocida, yo diría que ignorada por la mayoría del público ya que es una cinta de un director con una trayectoria poco comercial, es una obra que todos deberíamos ver, que todos deberíamos no solamente ver sino también analizar, luego socializar y reflexionar con respecto a todo lo que tiene que ver la modernidad y el papel de los seres humanos y las relaciones con nuestro entorno, el mundo, y el planeta tierra.


Resulta después de esta breve introducción, algo que en la película no alcanzamos desde un principio a descifrar, y es la pregunta acerca de qué es lo que está sucediendo, asunto que tal vez será muy difícil saber con certeza sobretodo por la particularidad con que este director se refiere a este tema, el “caos” de una previa Apocalipsis surgido de diversas situaciones. La verdad es que la cuestión nos acompaña toda la cinta, que además no tiene banda sonora y se desenvuelve en su totalidad con sonidos ambiente y escenas con una fotografía merecedora de los más sinceros aplausos.


La pérdida de ciertos valores humanos, la recuperación de otros con las diferentes adaptaciones a un contexto, forzados por aquello que sucede en las grandes ciudades, la desazón, el estrés, las grandes desilusiones, los fracasos, la falta de empleo y oportunidades, la indolencia, la indiferencia y muchas cosas más se apoderan del éxodo hacia el campo, ese campo que sin advertir fue viendo como sus tierras se desocupaban cada vez más y que llevaban a sus gentes a ocupar esas grandes selvas de cemento, lugar que alguna vez pensaron era la solución de sus problemas y la salida de la pobreza, ahora se ha convertido en su propio mal y los ha expulsado. De nuevo en el campo, ya no hay marcha atrás, los vicios y costumbres citadinos esperan un tren que nunca llegará, no habrá regreso y las esperanzas serán cada vez más una ilusión fugaz.


No debe ser bueno pensar qué será de nuestra especie en momentos previos al Apocalipsis, debe ser, sin saberlo, la frustración de todos nuestros sueños, de todos nuestros proyectos; pero es más duro aún, saber que la escasez de ciertos recursos naturales como el agua, los alimentos y otros elementos esenciales para el hombre son una realidad y no creo que éste sea ese momento final de confusión y caos, pero se parece. 


Haneke, amplía la mirada de su “objeto de estudio” a toda la sociedad moderna, estudia las causas, las reacciones y/o posibles reacciones de la sociedad occidental por la destrucción masiva de los recursos naturales y es esto lo que precisamente moldea a cada personaje y nos muestra que es más poderoso el instinto de supervivencia que el mismo miedo y que bajo esos instintos de supervivencia, acompañados de ciertas formaciones culturales y morales, el ser humano se deja llevar por situaciones que más que destruir, construyen nuevos y afianzados valores como el compañerismo, la solidaridad, la necesidad de contar con las personas que te rodean para poder sobrevivir. Sin embargo, Haneke también nos deja ver que, por el contrario a los valores anteriormente mencionados, el ser humano sucumbe ante cualquier excusa para librarse de quien no sirve para nada, para poder avanzar en el camino de la reestructuración de una nueva sociedad. “La solidaridad necesaria para conseguir los medios para sobrevivir pasa a ser, una vez estos están en la mano, egoísmo para conseguir utilizarlos en la mayor medida posible”.


“El Apocalipsis sin ciencia ficción”, un subtítulo que deja ver un realismo constante sin prejuicios, deja ver los desafíos enfrentados por la imaginación, sin convencionalismos, para contar una historia de la mano de una de sus protagonistas Isabelle Huppert, quien una vez fue “La Profesora de Piano”, magna actriz como siempre que plasma en su personaje tal realismo que nos deja una sensación literal de desesperación y  severidad sin tregua alguna.




JaimeRicaurte.
Sociólogo.
U. de A.

viernes, 11 de noviembre de 2011

::Dans Ma Peau::(En mi piel)::Marina de Van::Francia::2002::



Opera prima de Marina de Van, una película con un cuento puramente artístico, donde rebosan sentimientos que se reflejan a través de lo estético, de lo sensible, de esa mirada incomprensible de un mundo interior y tan intimo, en el que pocas personas pueden entrar, pero que al mismo tiempo nunca sabrán la forma adecuada de salir.




Una cinta escrita, dirigida e interpretada por su propia directora, una bailarina y actriz francesa capaz de establecerse en el ámbito de las artes escénicas como una reproducción latente de sensaciones y sentimientos únicos en personas que viven y han convertido su disciplina en sus gustos, sus gustos en disciplinas, transgrediendo así todo sentido convencional en cuanto a las relaciones entre el cuerpo, los objetos y el espacio.


Esta película explora la dimensión cultural del dolor en una sociedad donde toda interpretación al respecto suele manifestarse como un tabú frente a la autoflagelación, la autodestrucción del cuerpo buscando el placer a través de prácticas no muy “sanas” pero vistas desde el arte como una forma de escapar de parámetros sistémicos impuestos por un “orden social” salido de todo pensamiento subjetivo.  


Todo esto parte de cierta obsesión que los hombres, el ser humano, construye en relación con el cuerpo, su cuerpo, lo cual surge de diversos bastimentos culturales que le dan forma al concepto de “cuerpo” desde las distintas sociedades en el mundo. (Lo que para unos es un asunto normal, para otros, esos aspectos pueden ser vistos como las formas de vulnerar aquello tan sagrado), herramienta en la tierra para el desarrollo de un ser espiritual. Fenómeno que desde el arte alcanza a ser visto desde otra perspectiva, dependiendo eso si de la cosmovisión en cada individuo, de cada sociedad, de cada contexto, como ese elemento que lo es todo en la vida pero que puede ser socavado sin asomos de moral como lo vemos a diario en nuestras exigentes sociedades modernas, donde podemos sentir al igual que Esther (Marina de Van) el vacío interior donde somos arrojados al tratar de ser parte de las falsas sociedades, competitivas, degradadas y derruidas por la envidia, el desamor, la soledad, el miedo, la depresión, el estrés y cuantas cosas más nos quieran implantar, como único y desfasado signo de control social.


Este radical discurso tan difícil de digerir, como creo que debe ser la carne humana y sobre todo si se trata de nuestra propia piel con sus músculos, forma parte de ciertas patologías que van más allá de un simple comportamiento enfermizo adscrito a procesos personales con características exageradamente complejas, aspectos psicológicos fundados desde una humanidad aparentemente normal pero que sufre constantemente errores de fabricación en la planeación para el buen desarrollo del ser en sociedad. 


La idea tampoco es buscar culpables, porque acá en esta película no hay psicópatas, ni asesinos y mucho menos señalaremos a una sociedad que busca monstruos que inspiren cintas de terror. Existe si, una mujer normal que encuentra otras y distintas sensaciones en su propio dolor, en la destrucción, arrancando con tenedores y pedazos de hierro su piel, su carne porque así se siente libre de hacerlo, impulsada por su pasión y las ansias de una artista, publicista en la película, que alguna vez se imaginó su vida placenteramente dividida en piezas corporales.


Una cámara subjetiva elabora muy bien el plano corporal que está siendo cercenado, cortado, para saborear el rojo de la sangre. Rastros de ésta se amplían a los ojos de los espectadores mareados como si fuéramos nosotros quienes estuviéramos haciendo lo mismo que la protagonista en primera persona, excelente componente para transmitir esos momentos mórbidos y claustrofóbicos. Escapar del mundo real es el objetivo de Esther. Deslizándose en el suelo de una habitación y dentro de si misma ella se aparta del mundo material y sus banalidades para sumergirse en los placeres del dolor, en el placer de no existir nunca más.     


::Dans Ma Peau::Dentro de mi piel::
::Marina de Van::

@JaimeRicaurte.
Sociólogo.
U. de A.