Esta cinta de azuzado terror, se presentó en el festival Sitges en 2007, donde gano los premios de; mejor actriz, mejor producción, premio de la critica y el gran premio del público como mejor película; y viéndola, como la vimos este martes en nuestro Cineclub era de esperarse que causara la gran exaltación e impresión en el espectador, algo que estábamos esperando.
Una película que no te deja relajar en ningún momento, excepto en los primeros quince minutos, cuando la reportera Ángela (Manuela Velasco) en compañía de Pablo y su cámara graban un programa nocturno llamado “Mientras usted duerme”, empiezan lo que será la peor pesadilla de sus vidas. En una estación de bomberos se desarrolla de manera normal el Recording de éste particular programa de televisión, todo parece normal y un poco aburridor, sin emoción hasta que hay un llamado de emergencia y los bomberos acuden acompañados de estos dos curiosos quienes hacen también su trabajo.
Lo que no saben es, qué se van a encontrara su llegada al edificio, una serie de eventos catastróficos empiezan a sucederles, al parecer hay una infección mortal trasmitida por la saliva de un perro a los humanos y es acá cuando empieza la tensión que generan los zombis infectados, los decrépitos cuerpos chocando por todas partes y corriendo hacia ti, como si te quisieran comer de un solo mordisco. Es precisa la sensación que genera la cámara al hombro, una emoción que parece la estuvieras viviendo en carne propia y te hace brincar ininterrumpidamente escena tras escena.
Película digna de las mejores producciones cinematográficas hollywoodenses y con muy bajo presupuesto pero que recogió durante su presentación en las carteleras de cine del mundo el dinero suficiente para seguir trabajando en la saga de terror de la cual ahora gozan los amantes de este genero, sin embargo, la gente dice que esta fue la mejor película, suele suceder con estas creaciones. Cuando se cree encontrar la gallinita de los huevos de oro, la calidad de las películas decae en un intento por causar el mismo efecto.
“Pase lo que pase, no dejes de grabar”. Frase que impulsa y que interfiere en la curiosidad creciente de los espectadores, ¿qué pasará ahora? Y de repente, un estruendoso ruido de ultratumba con una imagen aterradora de un niño moribundo que te mira fijamente a los ojos.
Esta cinta cuenta con un Remake norteamericano llamado “Cuarentena”, película que habrá que ver, pues era de esperarse que los gringos acudieran a un buen cine de terror para hacer lo suyo, llevarlo a las salas y así poder vender, bueno, al fin y al cabo el cine es un negocio, que unas veces te lucra y otras, no.
Akmareul boattda, es el título original de esta sorprendente película de Kim Ji-Woon. Se trata de una cinta donde las sensaciones pueden confundirse entre los moralismos en contra de un verdadero sentimiento de venganza que cobija los más sanos deseos para convertirlos en una “justa” pelea por resarcir los daños causados.
Choi Min-Sik, el mismo actor de Oldboy es quien protagoniza esta cinta, su actuación siempre será para mi una de las mejores, sobretodo si hablamos de películas que tienen que ver con temas como la venganza y los asesinos en serie, pero tampoco puedo subestimar a otros actores del mundo que también han hecho un buen papel a la hora de tomar un arma y empuñarla frente a una “inocente victima”, en una película por supuesto. Lo que en la vida real sucede pero nunca aceptaré.
Este señor, es un padre de familia que por lo visto no lo hace muy bien como tal, se ha convertido por esas cosas de la vida en un asesino en serie capaz de cualquier cosa, asesina a sus victimas de manera brutal y sin escrúpulos, desmembrándolos hasta más no poder para luego digerirlos. Enfermo, no?
La verdad es una película que desde el punto de vista argumentativo, tendría mucho que proponer al debate, ejemplo, el tema de la venganza, hacer justicia por nuestras propias manos es un asunto que es bastante común verlo en cada una de nuestras ciudades, barrios y hogares, al igual que aquellas personas a quienes les gusta ver correr la sangre por doquier, y podríamos muy bien hacer un análisis tanto psicológico como antropológico y sociológico para poder esclarecer un poco, el porqué de comportamientos como estos en la sociedad en que vivimos. Pero, sin olvidar y mucho menos obviar este tipo de cosas, pasemos al punto de lo estético dentro de las convenciones cinematográficas para hacer cintas como estas.
Trabajar la imagen para que sea parte del arte, es un asunto que requiere de mucha imaginación, construcción, paciencia y un poco de dinero. En la mayoría de las películas, se requiere una suma bastante alta para poder generar en el producto final, una sensación; sensación que puede ir desde los más crudos sentimientos hasta los más dulces y esto es lo que hace a una película.
En “I Saw The Devil” vemos también que se producen cierto tipo de sensaciones alrededor de cada actuación, asunto que hay que resaltar específicamente por la sencillez con la que se le da el trato a una imagen de un asesino empuñando no solamente un arma sino también una guitarra para entonar una dulce melodía, escena bastante tierna, pero que no deja de causar estupor, sabiendo de quien se trata. Cosas como estas, escenas perfectas y escenografías gélidamente violentas, hacen parte del menú que nos presenta este buen director, donde el rojo de la sangre se mezcla sutilmente con el verde de los árboles, con el blanco de la nieve y algunos atuendos que van con cada personalidad, algo bien pensado para causar en el espectador, lo que se merece, independientemente de su forma de ver las cosas.
Esta cinta es una violenta coreografía de imágenes descarnadas, es la violencia hecha arte y el arte hecho violencia, es una película de increíble estilo no apta para todo el mundo, donde la venganza toma forma y así, muchas veces creamos que algunos actos no son hechos a propósito, quedarán inmersos en la duda del por qué lo hacemos, pero que al mismo tiempo generan la subjetiva satisfacción que nos regala el poder de la justicia por cuenta propia sin importar los medios ni el momento que utilicemos para cobrar algunos actos considerados violencia pero que no son depravados.
Una aterradora película japonesa, donde la creativa e inteligente forma de grabar cada escena parte de actos aparentemente espontáneos que se entrelazan con un empirismo motivado a realizar desde la imaginación, una simple y emotiva historia de terror y locura.
El actor principal de esta cinta, es el director de otra película ya antes vista en nuestro cineclub. Totalmente bizarra, extraña para los ojos con percepciones tradicionales; hablamos de “El Hombre de Hierro” (Tedsuo), una película que plantea de manera literal, al hombre hecho maquina. Pero no muy lejos de ésta cinta, se encuentran los motivos por los cuales el hombre moderno reacciona de formas totalmente salidas de todo contexto, en un mundo que cada vez se parece más a una o varias historias de ciencia ficción, contadas en libros y películas por aquellos que un día se imaginaron que las cosas iban a ser, tal y como lo son ahora.
Una película hecha en 8 días, eso dicen las criticas que he leído por estos bastos paisajes cibernéticos, no merece una buena calificación a la hora de clasificarla dentro del genero que le corresponde por ser una película simple y vacía de contenido que estructure de un principio a un fin, una historia organizada. Pero lo que si se debe resaltar, es que, con cámara en mano y en un contexto citadino lleno de mitos que suelen convertirse en la realidad de una ciudad totalmente automatizada por la rutina del hombre acumulador, es que en el pedestal donde reposan los orgullosos y civilizados ciudadanos, nunca sabremos que es lo que está pasando en el bajo mundo, a menos que sea registrado por el sensible ojo de quien se encuentra al borde de la “locura” por empezar a entender de que se trata la unión permanente entre lo biológico-natural y lo cultural-innatural.
Masuoka, es un cámara de TV, en este aparato ha grabado el suicidio de un hombre, quien aterrorizado acaba con su vida enfrente del lente profesional del artefacto. Masuoka, no alcanza a entender en el acto de que se trata todo esto y por eso emprende una investigación que lo lleva a los subterráneos de Tokio y siguiendo las pistas y la huellas de un pueblo leyenda que habría invadido el centro de la tierra para atormentar a los hombres, descubre a una joven encadenada, desnuda y en un estado “naturalmente salvaje”.
Los “Deros”, unos aterrorizados y aterradores personajes salidos del centro de las grades urbes del mundo, de los subterráneos, de las alcantarillas, clasificados por las sociedades “modernas” como los “desechables”; diría yo, son los personajes de esta historia de ciencia ficción que vivimos todos los días y que se confunde con la realidad y las crudas verdades que a diario observamos; eso si, si queremos no hacernos los de la vista gorda.
El caso es que, como yo encuentro esta relación, tal vez usted pueda no encontrarla y simplemente limitarse a ver una cinta bastante extraña con imágenes de cámaras de celulares, cámaras de video y profesionales que lo graban todo, a cada minuto y a cada instante, una obsesión incontrolable, pero donde lo interesante surge a partir del tratamiento que se le dan a los personajes en relación con la imagen y la tecnología, a parte del bizarro submundo, donde los “Deros” toman sangre y se asemejan a los mal llamados desechables que comen basura.