sábado, 14 de enero de 2012

::Into the wild::Hacia rutas salvajes::Dir::Sean Penn::U.S.A.::2007::


Basada en el best seller homónimo de Jon Krakauer en 1996, asistimos al viaje sin retorno de un personaje cargado de sueños, presenciamos su trayectoria a través de caminos llenos de enseñanzas en la búsqueda de su espíritu, dimos una vuelta por el universo interior de Alexander Supertramp. Viajero de lo estético cuyo hogar es el camino, caminante de la verdad,  paseante de la naturaleza, revolucionario convencido.



Christopher McCandless es Alexander Supertramp en esta cinta, una historia de la vida real que te deja reflexionado por las cosas que nos rodean; una ciudad llena de personas que van de un lado a otro, comprando lo que tal vez no necesitan, cantidades de edificios que se erigen alrededor de nuestras existencias, automóviles viejos, usados y otros por comprar para inundar más las calles de chatarras, humos y fatales egos. Y es de esto que huye este personaje, es esto, lo que en algún momento de nuestras vidas nos pone en la tarea de preguntarnos, si la libertad es la que los medios y el mercado de bienes y servicios nos prometen, adquiriendo cada vez más cosas. ¿Será esa la verdadera libertad?


Estamos en la era donde “poseer” se acentúa todos los días más como formas de vivir, estilos de vida en que el amor pasa a otros planos de poca relevancia, donde si existe tal, pero si tu estado financiero sobrepasa los intereses particulares del otro. McCandless no es un hippie, pero si un soñador incansable en su papel por la vida, nos lo enseña con cada palabra y las demás personas con quienes se encuentra en el camino hacia Alaska, ahí, en esas distintas situaciones él aprende y aprendemos nosotros también, sin negar que, desde mi punto de vista, la película es una fuerte crítica a un sistema común de valores que hay en la sociedad y puede pasar como cliché el manejo que se le da a la familia como una institución inquebrantable, como la supuesta base que fundamenta las relaciones sociales a grandes escalas.

Christopher McCandless

La renuncia a la norma es una decisión de cada uno, alejarse de los cánones sociales impuestos por el sistema puede resultar peligroso en ciertos contextos  y situaciones, preocuparse por la libertad del espíritu debe contener un equilibrio de egos. Hacia rutas salvajes es una cinta con un profundo contenido, plantea la filosofía como la base de la existencia misma del hombre y su concepción de lo humano manifiesta la pureza que caracteriza al ser y su relación con lo natural.   


“Camina dos años por la tierra. Sin teléfono, sin piscina, sin mascotas, sin cigarrillos. Libertad absoluta. Un extremista. Un viajero de lo estético cuyo hogar es el camino. Y ahora después de dos años de caminata, llega la aventura final y más grande. La batalla culminante para matar a l falso ser interno y  concluir victorioso de la revolución espiritual. Sin estar ya más envenenado por la civilización él huye, y camina solo por la tierra para perderse en la naturaleza.”
Alexander Supertramp. Mayo de 1992.

Christopher McCandless



 JaimeRicaurte.

jueves, 5 de enero de 2012

::Ulysses’ Gaze::La mirada de Ulises::Dir::Theo Angelopoulos:: ::Grecia, Francia, Italia, Alemania::1995::





Nuestro viaje por el mundo comenzó este año con un género cinematográfico con bastante recorrido, las Road Movies, que casi nos sacan a caminar al mismo tiempo que sus directores emprenden sus periplos al contar sus historias de una manera inteligentemente dinámica. 




Esta historia, nuestra historia dentro del cine, como un complemento que hace parte de las propias vivencias del director, nos vincula a un acto evolutivo con permanentes miradas de compromiso con nuestras raíces, nuestro pasado, nuestros orígenes.  La mirada etnográfica y su registro como parte de la memoria histórica de los pueblos, es tan importante como las bases que fundan las grandes estructuras, arquitectónicas y sociales, esas miradas que, como los hermanos Manakis tratan de manifestarse en otros momentos con el fin de marcar un punto, unas situaciones, unos instantes en la senda de esas otras épocas.



“A”, es un director de cine griego (Harvey Keitel), quien regresa a su país después de un largo exilio en los Estados Unidos de América para presentar su última película. Esto surge, como una verdadera excusa, distinta a sus objetivos reales. Las tres bobinas grabadas por los hermanos Manakis, los primeros cineastas griegos, que permanecen extraviadas y sin revelar en algún perdido y conflictivo lugar de los Balcanes. La curiosidad se convierte con el paso del tiempo en una especie de obsesión, su investigación lo conducirá a enfrentar un largo viaje que se convierte en la versión moderna de Ulises, la cual lo llevará y nos llevará por los derruidos paisajes de la península balcánica, en busca de una Itaca imaginaria, atesorada en las cintas de los Manakis. Estas tres bobinas representarán la posibilidad de acceder a una mirada fundacional del cine en Grecia.


Envuelta en una manta de neblina, lírica, épica, poesía e historia, esta fascinante y encantadora película nos muestra un romanticismo que se vive a pesar de la guerra, la reflexión constante sobre la belleza de las cosas simples y la permanente búsqueda de una identidad a punto de perderse. Grecia está muriendo y es mejor que muera de una vez por todas, es peor la agonía que precede una muerte segura, la muerte de la cultura y por ende la muerte de lo políticamente correcto.

La tragedia vive como una incesante forma difusa, una incomprensible figura a La Mirada de Ulises. Su viaje comienza por las calles de Grecia, allí establece contacto con la multitud, ella dividida (teas contra paraguas), facciones enfrentadas, o la matanza de una familia oída desde la niebla, el baile de fin de año en su casa, representan de manera simbólica la génesis de una guerra inacabada que se extiende por toda la región balcánica, este es un viaje más por las rutas interiores del ser, una cinta que hace preguntarte de donde vienes y para donde vas, quizá, preguntas que el director también quiso proponer para armonizar su búsqueda interior con el arte, parte de su propia vida.


Grecia, Albania, Macedonia, Bulgaria, la frontera entre Serbia y Rumania: el Danubio, el drina…hasta llegar a Sarajevo, lugares en los cuales la mirada cambia y se estructura paso por paso, tren por tren, coche por coche, barco por barco La Odisea, propia de aquel trasegar por una Europa dislocada, herida, rota por la muerte y la destrucción, el odio entre las razas y las clases sociales. Tal vez la culpa sea de Hegel. “Nuestro siglo comienza y acaba en Sarajevo”, dice Angelopoulos, y cita a T.S Eliot a manera de conclusión: “Cuando el principio y el final se confunden, la historia no nos ha enseñado nada”.

Escombros, bombas, ciudades desoladas, gente muerta en las calles, demencia colectiva (patologías de guerra), incendios por doquier, vida subterránea donde la niebla nace para que la música reviva al mismo tiempo que lo hacen el baile, las conversaciones, el amor, un amor que surge en cada ciudad, un amor interpretado por la misma persona, la actriz Maía Morgestern y que finalmente muere, “víctima de una guerra nunca alcanzada por el amor, víctima de los que lloran por no poder amar”, víctima de la desesperanza, del odio, de la tristeza.



Todo esto es parte de la grandiosa narrativa cinematográfica de este director, largas y lentas secuencias que parecen no tener fin, como la misma guerra, una exploración que nos lleva al encuentro de una cinta dentro de otra cinta, es el cine dentro del cine, mágico como el lento paso del agua que busca su mar, así, como el conocimiento que espera a ser consumido es la fe y la esperanza por una humanidad y su propia identidad.  


Intérpretes: Harvey Keitel (A), Maia Morgenstern (Naomi Levy/Las esposas de Ulises), Erland Josephson (Ivo Levy), Thanassis Vengos (El taxista), Yorgos Michalakopoulos (Nikos), Dora Volanaki (La anciana)

El Dato
“Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Cannes 1995, ha llegado a las pantallas con más de un año de retraso; obtuvo también el Premio Fipresci de la Crí­tica Internacional y es, con justicia, una pelí­cula valorada por la crí­tica, cinéfilos y amantes del arte en general, pero de difí­cil asimilación para un público mayoritario, tan abotargado hoy por ciertos productos norteamericanos de consumo”.



JaimeRicaurte.

martes, 27 de diciembre de 2011

::Bad Boy Bubby::Dir::Rolf de Heer::Australia::1993::




 

 

¡¡¡Uy que película!!! Tan llena de cosas. Que director y que actor tan bravos!!!




Esta cinta nos muestra de diferentes maneras cómo puede ser la vida en condiciones que cualquiera de nosotros podría rechazar inmediatamente, pero resulta que, muchas veces uno no vive como quiere, sino como le tocó vivir. Una mentira a los cinco años puede ser algo que convierta y defina el resto de tus pensamientos para siempre, aprender a vivir después de los 40 es tarea difícil en un mundo tan caótico. Un mundo donde se intercambian papeles, Bubby es el gato, su mamá, su papá y toda la gente que pasa en frente de sus ojos, de donde él saca aptitudes y actitudes además que memoriza todo y lo repite como si fuera un niño de 5 años y eso lo hace grande, cosa que me hace recordar un aforismo de Nietzsche “La madurez del hombre consiste en recuperar la seriedad con que jugaba cuando era niño”... (No TV)



JaimeRicaurte

domingo, 18 de diciembre de 2011

::Directores:: Apichatpong Weerasethakul:: ::Tropical Malady::Sud parlad::2004::Tailandia-Francia-Alemania-Italia:: ::Uncle Boomee::(Who can recall his past life)::2010::Tailandia::

Apichatpong Weerasethakul



::Tropical Malady::Sud parlad::2004::Tailandia-Francia-Alemania-Italia::


Película que ya me había visto en un ciclo de “cine rosa” en  el Centro Colombo Americano de Medellín, cinta que ahora nos convoca a los cineclubistas de éste tan respetado cineclub. La cuarta obra visual de Weerasethakul y la segunda de una no muy clara y desconocida trilogía hacen parte de una especie de autobiografía en la cual hay películas que también tenemos que ver; como “Blissfully Yours” y “Síndromes and Century” que plantean aspectos en la vida de este director como cineasta para llegar a ésta “Sud parlad” (Tropical malady), en la que centra toda su propuesta en asuntos más de tipo personal, especialmente en su condición sexual.


Las cintas  que  hoy citamos aparentemente manifiestan cierta relación. Al hacer un análisis somero de ésta concordancia, puede verse claramente la formulación cultural que hace el director en cuanto al mito como uno de los pilares que fundamentan ciertas formas del pensamiento, sobretodo en contextos donde coexisten el hombre, la ciudad, el campo, la selva y los animales. Lugares comunes desde donde emergen estas relaciones, se manifiestan las historias alrededor de la vida, la intuición y el espíritu, no como una simple condición que se atribuye culturalmente sólo al ser humano, sino también a los animales, así, como el discreto encanto de la vida de los insectos en la selva.

De esta manera poco convencional de narrar historias, es Weerasethakul, un gran director que al igual que Hitchcock, su costumbre es aparecer en sus propias películas sin ser notado, pero con la intención de hacerle ver a los espectadores que lo que están viendo es una historia contada a través de imágenes.


La película nos muestra al principio cierta armonía que surge del amor, el amor entre el soldado Keng y su amigo campesino Tong. Cortos viajes a la ciudad, visitas a los templos del área y la aventura misma de vivir una relación homosexual en un pequeño pueblo, son parte del  tranquilo estilo de vida de esta pareja…todo hasta que sus vidas toman rumbos totalmente diferentes tras la desaparición de Tong, asunto recurrente en cada historia, en la mitología y en algunas leyendas que hablan de la posesión espiritual de un tigre a un hombre y viceversa. Situación que alienta al soldado Keng a buscar a su amigo en la selva.


Alentador fue también en este director para proponer posteriormente un film que 6 años más tarde tendría una factura y conceptos relacionados. Mi interpretación, que debe ser diferente a la de ustedes, presenta un punto de vista filosófico esencialmente enganchado con aspectos culturales y el propio materialismo. No tiene un orden establecido, así como el guión manejado por Weerasethakul, donde más que hacer cine para todo el mundo, nos muestra la fantasía de un mundo poco conocido.




::Uncle Boomee::(Who can recall his past life)::2010::Tailandia::

La desvalorización de lo propio es un aspecto que se encuentra relacionado al rotundo devenir del mundo occidental con su excusa de libertad a través de acciones cotidianas, que incluyen la adquisición de objetos y formas de vida muy distantes al encuentro con nuestra esencia, nuestro ser espiritual, primitivo y propio.


En el gran sentido de la palabra, PROPIO, porque es lo único de lo que estamos seguros es nuestro sin la necesidad de “poseer”, lo cual es algo diferente, y no se tiene que llevar un papel donde conste que el alma es tuya, que tu naturaleza es aquella en la cual puedes depositar tu ser más primitivo y por lo tanto así poder establecer conexiones con tus raíces, tus ancestros y saber que nada ni nadie podrá allanar tu mente y tus deseos de morir en el mismo lugar donde naciste, porque sería como volver a nacer, volver al vientre materno para por fin nacer en la “pequeña muerte” de un orgasmo.



No obstante, la película va más allá que la simple captación de imágenes con sonidos estridentes parecidos a los que oímos todos los días en las grandes urbes del mundo, va más allá porque tiene dos mundos que se conectan entre sí; uno es el campo con una escenografía natural como lo esperamos siempre cuando “vamos de paseo” a una “zona rural”, y el otro es la ciudad, jungla también pero de concreto, la valoración es amañada porque hay quienes se empeñan en eso, en desvincular todo aspecto mental que tenga relación con el pasado, con la historia, con las raíces.


Por eso, aunque la cinta deja precisamente una sensación de deserción al principio, pienso que hay que verla y analizarla en la medida en que podamos ver entre líneas, más allá que sólo ver a un hombre mono, un espíritu ambulante y una princesa poseída por peses, quien ve en su reflejo a una chica blanca al asomarse a un estanque.


En el fondo encontramos relaciones con el “Mito de la Caverna” de Platón pero de una forma inversa, planteamos en posteriores análisis porque, se trata más por la búsqueda del YO interno que por la búsqueda del conocimiento al exterior de la caverna, como reza el mito, y es que literalmente se busca la paz al interior dentro de una cueva, porque el cielo está sobrevalorado, porque no existe tal paraíso.


Para desdicha de muchos nos encontramos sobre falsos valores occidentalmente terrenales, donde la muerte nos acompaña a cada instante de nuestras vidas y se hace presente cuando nos sentamos al frente de un televisor, nos paramos al frente de una vitrina, anhelando tener pero sin necesidad, y no nos damos cuenta que con muchas cosas más estamos muertos en vida y nunca lo sabremos. 




¡¡¡Cine por puro placer!!!


JaimeRicaurte.